sábado, 25 de febrero de 2017

Celotipia

¿Quién es él? Ése a quien le sonríes en las noches. En las tardes de sopor y frío. En un corredor alterno. En tu magín de laberinto. Algún tiempo atrás los vi: tú, rostro con sonrisa de luz al verlo, lo abrazas; él, sólo tiene ojos y palabras para ti. Tanto ojos ( de soberbio pardo) como palabras, pienso, son podres y pobres si se comparan a ti. A tus dulces avellanas.


¿Quién es? ¿Quién vela tus sueños? Si es que sueñas con él y no con ballenas viajando a mares distantes o colibríes que surcan cielos neblinosos. O -no quisiera escribir tales ilusiones- si sueñas conmigo en brazos de la noche, en tus brazos, en tus labios.

¿Sigues sus pasos? ¿Él sigue los tuyos? De nuevo, no hace mucho, los vi: tú, bajando la colina con lento paso, precavida; él, risueño (o eso asumo), dando vuelta y siguiendo tu sombra. Yo también di media vuelta y me perdí entre hojas secas y desasosiego.

¿Aún le escribes con frecuencia? ¿Aún te invita a las afueras? ¿Has dormido con el calor de su vientre pegado al tuyo? ¿Has hundido tus manos en su cabello? O, ¿su aroma ha quedado en tu piel? ¿Has reído con fuerza a su lado? ¿Buscaste su calor alguna vez?

¡Oh! ¡Los celos! Los celos al verlo pasar; al verlos juntos. Los celos al verlo salir de tu boca como flor inmunda que envenena el aire con su hedor. Los celos que tuercen mi boca, mi nuca. Los celos, los celos. Los celos secretos que susurran, que abrasan y se funden.



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