martes, 8 de marzo de 2016

Ella

Ella. Es ella.

¿Por qué?

He ahí una buena pregunta. Por qué me gusta aquella chica pelinegra y menuda y no alguien más.

Por qué nos veo compartiendo un dulce en nuestras bocas.

Por qué la veo abrazándome de lado y de frente: torsos desnudos y piernas de enredadera bajo las cobijas, guareciéndonos del frío.

Por qué.

Por qué me gustan sus ojos. ¿Son azabache? ¿Son oscura jalea? ¿Son dulce chocolate que cubre dos fresas?

Por qué me encanta ver su boca e imaginar qué ocultan esos labios finos, esa sonrisa sutil.
Por qué me gustan su voz indescriptible y su andar pausado.

Por qué intento desmenuzar hasta el cansancio lo que hace en mi periferia. ¿Me espera? ¿Me habla? ¿Se sienta aquí y no allá? Preguntas que no puedo resolver con los pétalos de las margaritas.
Mas hay otras preguntas que apenas puedo esbozar: ¿Dónde estará en la mañana? ¿Soñará con las estrellas del ártico? ¿Con verbos en francés?


Por qué esta chica pelinegra y menuda, extraña en esta ciudad, me hace suspirar largo y tendido…

Por qué.

Por qué me obsesiona jugar a descifrar su aroma sin acercarme mucho, sin rozar su hombro con mi nariz. 

Por qué quiero que el viento hinche su falda como vela de barco.

Por qué quiero tocar su piel con la mía, con mi boca, con mis manos, con mis dientes, con mi lengua. Descubrir lugares ignotos en su pecho y una miríada de pecas y lunares: constelaciones en el mar durazno de su cuerpo.

Por qué quiero, quiero, quiero saber de su vida de flor y su sueño de ver a las ballenas en el Chocó.

Por qué deseo con calor y ardor saber de su bici y sus botas, de su piercing en la ceja, de quién le hizo aquella linda trenza, si le gusta seguir a las mariposas, si quisiera ir conmigo a aquel jardín botánico a la vuelta de la esquina… aunque la lluvia nos atrape bajo un yarumo.

¿Prefiere a los hombres? ¿Tiene novio?

Y si no… ¿Me dejaría darle un beso en la nariz? ¿En sus ojos? ¿En su frente? ¿En su boca de azahar y clavel?

Por qué esta chica menuda y no otra.

Por qué no esa chica de lentes oscuros o aquella de los ojos de fuego.

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