Esos recuerdos estúpidos no volverán, esos imbéciles que quieren enloquecerme con sus traiciones tras esas sonrisas atoradas... jamás han sospechado que subrepticiamente, bajo la superficie de esta glacial fachada, aún sobreviven, como gusanos en un cadáver, planes perversos de desaparición.
Porque toda una vida de atropellos, cuerpos presentes y almas ausentes, llamadas ignoradas y miradas aún más extrañas que la mía obligan a maquinar venganzas en las que se observa desde arriba (oh, maligna satisfacción) como se es quien se deja a los otros atrás, abajo, dando vueltas como perros que persiguen sus colas sin saberlo. Sin dejar rastro o explicaciones o escribiendo explicaciones apresuradas que agujereen sus almas y oculten tantas otras razones.
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