Por primera vez en mucho tiempo el último sueño de la fría mañana no es ni él ni ella ni otros imposibles pero es aún más desconcertante porque ojos desconocidos se dirigían a mí con un dolor infinito en ellos. Y mis manos se enredan en su espalda y su cabeza se oculta en mi hombro y el olor de la lluvia y de perfumes llega hasta mi pecho y mi nuca se humedece. Ella llora y no sé por qué.
Trato de mirarla y allí está presente esa mirada que me perturba, que me dice que algo debería estar sucediendo en este momento. Cierro mis ojos por lo que parece una eternidad y un suspiro escapa. Algo oprime mi boca suavemente y dedos fríos describen afectos insospechados en mi piel.
Y es lo único que recuerdo porque el frío ahuyenta sueños. ¡Ja!
¿Cuánta angustia cabe en una sola vasija?
ResponderBorrarRico leerte, Diani. :)