La mirada se pierde en la distancia, hacia el horizonte. Siempre hacia el horizonte, allí siempre es más fácil pensar en quienes se deja atrás y en otros recuerdos y si se dejó todo tal como se quería y si las razones escritas ocultan las heridas que nadie sabe. Porque esta vez no habría cabos sueltos. Esta vez lo haría mejor porque no creía que pudiera resistir otra caída.
Aunque… toda esa palabrería sobre sus recuerdos y los que atrás se quedan no son sus pensamientos. Antes siente placer perverso al saber que deja atrás a todos esos gañanes que pretendían ser algo, por una vez sería quien los dejaría atrás, el resto no importaba. Y sus recuerdos, ¡bah!, rememorar cursilerías es de viejos y nostálgicos…
Tal vez el dolor sordo y afilado como navaja que reside en su pecho… tal vez el temor ya algo vago de no haber dispuesto las cosas como quería… sí, tal vez sean las únicas cosas que estén allí.
Porque tiempo ha que aquella parte sensiblera sucumbió en el fango de su alma poluta. O eso es lo que prefiere creer cuando algo que no debería estar allí se agolpa en su garganta.
Arde. El cigarrillo entre sus dedos se acaba y lo dirige hacia sus labios para una última bocanada antes de mirar hacia abajo. Al precipicio que pronto detendrá cuerpo y sangre. Entonces da un paso adelante, más cerca de la caída y sonríe. Sí, por una vez seré yo quién los deje atrás, quisiera que en sus pobres mentes me vieran reírme de ellos.
Entre sus cabellos el viento ruge, el frío se asienta en su cara. Las rocas de más abajo se ven aún más espeluznantes que antes pero nada de consideraciones, no ahora que nadie está allí.
Y retrocede un poco para coger impulso. Y cuando cae y el aire roza sus mejillas siente que debería tratar de extender sus manos o pies hacia algún resquicio, una roca que detenga su caída porque esto no es un sueño y no despertará jamás de un salto en su cama. Pero no importa, se siente... genial. Como un vuelo prolongado aún más cuando sus ojos se cierran para no ver cómo se acerca...
Y allí yace con esta... especie de sonrisa que se entremezcla con alivio. Los altos hierbajos entre las rocas rozando su cuerpo tiñéndose de rojo.