domingo, 16 de septiembre de 2012

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Este es mi escape. Algunas veces en el papel con lápices de distintos colores y tintas, con un teclado y una pantalla, con mis dedos en un vidrio y el polvo. Un escape de tantos sentimientos que en mi pecho se encuentran oprimidos, tanto como un papel u objeto cualquiera en mi puño cerrado por la ira o la indiferencia.

Hoy escapo de ti, quienquiera que seas. Quienesquiera que seas, porque encuentro que tienes varios rostros y muchos pares de zapatos. Tal vez demasiados para mi frágil estado mental.

Eres todos y nadie a la vez que te imagino aquí. ¿Qué sucedió con las miradas furtivas de un yo? ¿Con las sonrisas de otro? ¿Con los recuerdos compartidos de un tú alienado? ¿Con la histeria de uno más? ¿La sensualidad de aquél? ¿El quedarse entre líneas de ella? ¿La irritante convencionalidad de aquélla? ¿Qué hiciste? ¿Qué te hiciste, mi pequeño monstruo? Te has perdido como aquel fantasma de días pasados, en un bus, alejándose como bermellón cuchillo a través de la fría noche en alguna encumbrada ciudad alucinada.

Un breve instante de mutuo reconocimeinto y ¡puf! Desapareces para siempre.

Te echo de menos, tus imaginarias piernas entre las mías, tus brazos y los míos, bocas multicolores juntas. Falsos recuerdos, ficticias nostalgias compartidas.

Eres el viento y el río: en ti me encontré una vez.












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