domingo, 25 de septiembre de 2011

De tragedias


Música: Mykonos – Fleet Foxes y algunas que sí son de Fleet Foxes y otras que no.


Ésta, la primera y precursora de todas, es una tragedia trascendental. No la única, sólo es una entre tantas y aún así…

Ésta es tragedia no tanto para mí, es más probable que lo sea para otros. Para los otros que aún están lejos de...

La soledad me cubre como barro, me nutre el alma, cubre mis entrañas de nuevos matices insospechados e ilumina la mente con ideas que podrían ser sinsentidos bajo la luz del sol. Sólo que ya no es tanto, menos si nadie escucha mi voz entre otras tantas. Si nadie camina conmigo entre ideas y opiniones sobre absurdos y otras cosas que parecerían importantes.
Es entonces cuando la soledad se vuelve la proverbial espada de dos filos, me hiere las sienes y…
El insomnio al igual que la soledad ya no es tanto una musa sino el horror que me trajo la tragedia de la locura

¿Pero será tragedia, la locura?

Si las sombras que en la noche silenciosa se deslizan y danzan subrepticiamente a mi alrededor son para preocuparse… aún más si las desvergonzadas me hacen sentir angustia y ansiedad… entonces, sí. La incipiente locura es tragedia. A menos que todo lo aligere con el ejemplo de mi venerado Van Gogh que presuntamente estaba loco o epiléptico o quién sabe qué después de tanto tiempo y tanta cháchara polémica… o tantos otros y después decir que en la locura muchas veces se encuentran destellos de genialidad. O algo así.

Sí, por ser algo entre ermitaña y reservada algo de locura se ha escabullido entre algunos resquicios de una mente que desde tiempo ha se deshace como tallarines.

Mis segundas tragedias son pequeñas. Tan nimias que no alcanzan a estar aquí. Sólo se verían si alguien tuviera la valentía de tener una lupa a mano y ver conmigo cómo ciertas cosas me pican como hormigas.

Y he aquí una tragedia desmedida, descomunal, rabiosa. Que aunque importantísima para mí tal vez sea más que una fútil exageración para otros. Porque ése sería por mucho el más importante evento de esta miserable vida mía.
El corazón estallaría, el sudor y el estar atrapada entre una multitud por una vez no me molestaría. Porque sabría que algunos estaban allí por lo mismo que yo. Hubiera sido un éxtasis casi orgásmico, orgiástico haber presenciado al quinteto de potros. Y en lugar de eso sólo quedó la rabia y el vacío. La tristeza inconmensurable porque los potros son unos malditos genios que saltan y sudan con nosotros cuando se presentan en vivo.

¿Y el resto de tragedias? Ésas sólo aparecen cuando el reloj da las tres y el insomnio se cierne sobre mí con una cruel sonrisa.

Y luego sólo quedan las preguntas.

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