lunes, 22 de agosto de 2011

I


Es una noche de labios curvados en legítimas sonrisas, de escuchar pedazos de canciones o no canciones, pedazos de melodías de Stars Of The Lid, noche de escuchar la risa de M. y la promesa de un nuevo cruce de palabras en este viaje entre las estrellas.

Porque no puedo esperar –y no me cabe la dicha entre corazón y piel- a ver el rostro de cándido león que se gasta M.

Y así empiezo a erigir edificios de palabras. Palabras para impresionar, para mover su corazón, para que su suave risa me vista de mil colores el alma. E imagino las palabras que suben por su garganta y caen prístinas como cascada de su boca, el sol que se confunde en su piel y cabello, la caricia del viento en nuestras mejillas, la alegría que baila en sus ojos que me pesca incrédula entre miradas y frases.

Porque sé que se alegrará al verme tal y como me dijo que se alegraba de oírme.

Pero nada va más allá de tan vaga esperanza y de ensalzar lo posible. Cosas tan cálidas como esta nostalgia y las cenizas van hacia la nada, a estrellarse como viejos buses contra la certidumbre de que no estará a mi alcance. Y así se deshacen en el viento, se pierden entre rumores de música y la mala memoria que ya quiere dormir.

1 comentario:

  1. M. Vaya lujo de persona ha de ser M; cualquiera con un rostro leonado y esa descripción que haces tendrá que tener por ley una risa pícara y unos ojos inmensos y graciosos.
    Viva lo posible, lo que convertimos prácticamente en realidad al nterior de la cabeza... y luego te tienes que dar el trastazo de la vida al ver que lo que pueed ser, la mayoría de las veces simplemente no es.
    Abrazo, Wolfe.

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