lunes, 22 de agosto de 2011

II

Maldita mi suerte porque M. llamó excusándose por algo inaplazable.

Y yo no podría estar más indiferente al respecto. Sólo porque hace un rato la noche y el suave vaho del viento me afectaban la cabeza. Malditas sean mi suerte y esta noche.

Aunque lamentarse es inútil y agotador para una pobre alma introvertida como la mía. Entonces desecho todas mis vanas ilusiones que satisfice por un momento con la persona equivocada, abandono todo esto y me voy por el tranvía ovárico de Miller en su Trópico de Capricornio que me queda tan bien como la máscara que visto al despertar cada mañana cuando decido salir de mi mundo y entrar en aquel tan mezquino en el que los otros viven.

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