sábado, 23 de julio de 2011

Fui feliz. Soy aún feliz. Es una de aquellas raras ocasiones en que toda imagen alguna vez asociada por mí con la felicidad viene a mi mente para hacer de mi sonrisa el rostro del gato de Cheshire. Y que el alma se expanda en el pecho hasta que las costillas duelan y algo que no es nudo se atraviese en la garganta mil veces.

Y el corazón late fuerte, como loco. Como en un precipicio desde el que veo el sol en tonos de crepúsculo o cuando siento el frío de las lluvias de abril en mi piel o como si aquélla con quien tuve mi último sueño aún estuviera allí con sus labios en mi mejilla, esbozando una sonrisa.

O los cuadros de Turner.

Entonces empieza una canción que suena a algo de Stars of The Lid y que tuve suerte de encontrar en un lugar tan inesperado. Porque a veces las más bellas cosas se encuentran allí, entre lo inesperado, en una coincidencia o serie de ellas. Debería ser absurdo pero sólo lo hace aún más hermoso.

Y con esa canción, como eco de lo que jamás será, me toma por sorpresa la sensación de estar fuera del tiempo, saltando por el mundo y miles de mariposas vuelan bajo mi piel.

Fui feliz. Aún soy feliz. Lo cual me sorprende porque antes creía que todo este asunto de la felicidad era demasiado grande para alguien que se esconde tras los ojos fríos del escepticismo crónico.


And that bloody thing that won't let me breathe properly swells a bit more.

Happy times' song (3-3 - Summer Night Air) 

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