miércoles, 9 de febrero de 2011

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“Y ayer me di cuenta de que me gustaba porque la escuché reírse” Vaya, es algo inútil tratar de escribir algo más allá de eso. A menos que la describa, que describa lo que para mí fue escucharla. Porque tiene una voz preciosa como de cascada de arroyo, como de sexy inocente, de femineidad que sale de sus poros.

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Allí estaba. Sola, muda, perdida en sus pensamientos y sus ojos absortos y desentrañando la locura geométrica de los azulejos del suelo. La recuerdo más en el encierro aparentemente mirando más allá del frente del salón que allí, parada, esperando entrar. Si supiera que un poco más atrás estoy yo con mi juego de encontrar algo nuevo en ella, de descubrir un lunar en sus hombros, de querer saber cuándo deja caer sus brazos de tal manera y adivinar su ánimo. Y dejo de mirarla, han pasado no-sé-cuántos minutos y tal vez es mucho. Tal vez se dé cuenta de que alguien un poco más atrás juega a notar las más pequeñas cosas.

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Me encantan las coincidencias, esos pequeños sucesos que encajan entre sí como ladrillos para a veces jugar a favor o en contra nuestra como si fueran niños. De una larga sucesión de coincidencias que alguna vez enumeraré cuando lo posible deje de serlo, sólo dejaré en claro algunas. Aunque, ¿por qué lo hago? Son coincidencias absurdas y mínimas que quizá soy yo la única que las ve no sólo por sentir sino porque también estoy majareta.

Casualmente estamos en el mismo grupo aunque yo llegué primero. Casualmente se sienta bastante cerca aunque antes no lo hacía. Casualmente un día alguien estaba en su lugar (¿o ella solita se cambió?). Nadie casualmente estaba en un puesto que casualmente estaba cerca aunque había otros adelante. ¿Había otras coincidencias? Sí que sí pero las descarto como tonterías o no las recuerdo tanto como quiero recordarla a ella.

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Recostarse en el suelo y estremecerse por el contacto y el frío. Yacer allí con la cara vuelta hacia el techo y fingir que techo no es techo sino cielo y estrellas y pequeñas nubes. Sin que nadie se dé cuenta que estoy allí, ser fantasma aunque sea imposible. O no tanto, son casi-las-cuatro o tal vez casi-las-cinco. Como si alguien estuviera de insomne como yo a esas horas.

Sentir que todo fluye en un río inconexo y turbulento de pensamientos. Sentir que su marea viene, que sus olas-recuerdo rompen y rugen en las arenas-memoria. Sentir que la amo en un instante más de lo que alguna vez lo haré, sin conocerla, sin hablarle.

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Ojalá mis dedos, mis manos se hundieran en su pelo, en ese lacio cabello castaño y hacerla reír, hacer que su boquita se curve y que baste con un leve toque de mis labios allí.

Tocar su boca, acariciar su lengua. Hacerla reír cuando mi lengua y mis dientes merodeen y muerdan su dulce cuello de leche. Ojalá estuviera aquí mismo, mirándome como lo hizo en un breve instante del jueves.

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Supe su nombre hace poco. Porque no prestaba atención no lo supe más antes y cuando por fin lo hice hubo una explosión. No, miles de pequeñas explosiones en una sola. De cosas infinitas que no tienen nombre. Y fue el día más estúpido y feliz y el más horrible y frenético. Alguien la quitó de su puesto que, oh-dios, estaba cerca del mío y tuvo que irse hacia el lugar que idiotas como yo evitan: el casi-frente. De nada valió porque el miserable se había equivocado de grupo y se largó después. Odié a ese mezquino tanto como a otros que han hecho peores cosas.

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Parece que espera, que quisiera escuchar, que quisiera estar entre el grupo, parece que quisiera hablar con nosotros. Esa impresión me queda muy clara al ver que al salir, ella de cierta manera se detiene por un momento y vuelve su cabeza un poco. Como si esperara, como si fuera parte. Pero es algo imperceptible o casi lo es porque sigue con su camino, sale, no dice nada y se pierde de mi vista porque los pasos van en direcciones opuestas.

Es ahí cuando me doy cuenta de que es inalcanzable.

1 comentario:

  1. No es inalcanzable. Poco probable, porque es más complicado de lo usual, pero... posible. Me encantó tu descripción, se siente casi como la conociera. Una cosa: el tiempo es limitado. Inténtalo, no importa que tan difícil sea intentar, inténtalo. Quizá las coincidencias no son sólo coincidencias. Quizá sí. Pero vale la pena intentar.

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