domingo, 19 de mayo de 2013





Y, si cierro mis ojos por un momento, aprieto mis labios, empuño mis manos y doy tres vueltas como un trompo, ¿desaparecerán el errado sentir y la fea realidad circundante?


Nada más normal que preguntarse tamaña tontería en las postrimerías del insomnio.


Y se resume una semana más de insípida existencia/sobrevivencia con lo siguiente:

Son estos los días de una conciencia culpable que crece de manera desmedida junto al odio rabioso casi incontrolable y mandíbulas apretadas y pensamientos aún más frustrados.

Son estos los días -se disculpará la repetición cuyo nombre más específico escapa a esta memoria espástica- en los que felizmente se descubre una lírica excepcional en algún recoveco extraño en la irrealidad, días de celebración en lágrimas, días de arrepentimientos inútiles, días de rememoración aún más inútil.

Días de quejas y de medias verdades.


Días de hartura existencial y de pocas lluvias.


Nada aplaca al corazón indispuesto. Ni siquiera la ardiente imaginación de desiertos y cabellos oscuros y ojos pardos que ríen.