jueves, 21 de marzo de 2013

Acecha en lo recóndito el crápula que clama sangre, el mismo que acabó con el suicida que vivía en mí.

Y callo mis furias, mis dedos y lamentos al compás de lo macabro de mi magín. Una dulce sonrisa de venganza se perfila a la vez que aquella sombra se encorva en el sucio callejón de aquella noche vacía y las vidas de aquellos dos seres patéticos se escapan en los estertores de la sangre que el crápula de mi alma restaña con sus labios sucios. Sus ojos buscan la daga, me buscan a mí.

Él me sonríe.


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