lunes, 12 de noviembre de 2012
Mi lado cruel se deja entrever cada vez que me hieres. Quisiera que con cada uno de esos largos discursos que imagino y ensayo a cada instante, yo ganara y se perfilara en mi duro rostro una rota sonrisa sarcástica y aún más cruel que mi nauseabundo ser. Cómo me excita imaginar tus lágrimas que florecen débilmente de tus lindos ojos; me imagino a mí misma a tu lado, fascinada por ellas y besándolas, lamiendo su salobridad, lamiendo tu tristeza.
Te amo cuando tu rostro antes luz del día se oscurece por mis nubes de pesadumbre, mi corazón redobla como tambor cuando se frunce tu ceño y sé que es por mi culpa. Te besaría en ese instante para saborear tu furia y frustración, te robaría mil besos si pudiera, si no fuera porque mis móviles labios sobre los tuyos inmóviles significarían el fin de esta extraña cosa que nos une. Y te abrazaría muy fuerte cada que decides alejarte de mí.
Cómo quisiera estar allí, para tu humillación absoluta a mis pies, para quebrarte hasta el más recóndito pensamiento, para ser pantera y despedazar tu cuerpo con mis negras garras como la noche. Tocar tu cabello a la vez que proclamo letanías de insultos en tu oído y mi profana lengua acaricia tu oído, tu cuello, tu mejilla de sal; mientras tú te quedas en tu lugar, inmóvil por el pánico o la secreta excitación.
Cuán enorme mi deseo es de mirarte torvamente, con estos deseos asesinos, y que de inmediato bajes la mirada esperando mi maltrato o mi caricia; que si te llego a insinuar el abandono con mis pasos, tú me sigas y supliques mi regreso; que si me amases me dejaras torturarte con mis mordiscos que como lluvia cubren tus piernas y cuello, con mis ojos en los tuyos, con mis manos en tu cuerpo y mis palabras en tu alma. Y es tan putamente frustrante saber que toda esta bella crueldad (a veces sangrienta, a veces paralizante) que con nadie más compartiría es nada más que un sueño, mi más grande fantasía en la oscuridad del insomnio, en mi mente retorcida y putrefacta.
Mi más grande declaración de amor reducida a pobres ensoñaciones de la tarde en las que tú, mi víctima perfecta, mi dulce cordero, mi infeliz inocente, cambias de rostro y posición con el pasar del tiempo para mi macabro deleite.
Mi lado cruel se deja entrever en esta realidad angustiante en mi sarcasmo ambulante, en la hiel que escupo ante ti, en la frialdad que cubre mis verdaderas intenciones, en el veneno de mis acciones cuando te dejo por un tiempo. Mas es triste saber que tus pequeños pasos y voz entrecortada no me siguen por estas sinuosas calles de la ciudad gris que se fatiga entre el olvido.
En otros momentos mi insospechado lado cruel se esconde tras mis duras facciones, acecha en espera del momento justo para irrumpir entre la inocencia y tomar a la fuerza lo que es suyo por convicción mientras hace que mi mente exacerbada ingenie el dulce suplicio -encomendado a mis manos- de tu blanca carne, de tu dulce alma, de tu pía sangre.
Sí, cómo mi perturbado magín, cómo mi estúpido cuerpo desean todo esto para ti, amor mío.
Relacionad@ con
escabrosamente exquisito,
inolvidablemente inexplicable o algo así
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario