Algunas veces, ya sea en aquellas noches de crónico insomnio o en tardes calurosas me dan ganas de decir, decirte a ti (por más redundante y extraño que parezca), cosas que jamás han salido de mis labios o ideas que revolotean entusiastas en mi cabeza (más esto que lo primero). Y con pueril entusiasmo compongo mensajes en lápiz, con bolígrafos, malísimo verso o mediocre prosa; todos desmenuzándose y enmendándose de esto en aquello a medida que las manecillas cambian.
Pero todos mis intentos se van arrugados de manos y pensamiento. El frenético hechizo de ágiles dedos saltando de tecla en tecla o deslizándose en el lápiz termina en abrupto ceño fruncido. Porque recuerdo que, a pesar de todo, no habrá nadie jamás que intentará cruzar vastas llanuras para llegar hasta aquí y creo que yo tampoco lo haría por nadie. Recuerdo que es ése el sino de los lobos esteparios a menos que…
Es preciso agradecerte por la pequeña nota aunque… aunque creo que es en demasía optimista. Porque no obstante mi pequeño universo interior pugna por salir y dejar todo patas arriba, este maníaco suicida en mí entorpece mis intentos de ser alguien más aparte de él. Porque no estoy para esa clase de luchas conmigo misma.
Sí, conmigo misma. Aquel terrible ser de autodestrucción lleva conmigo lo suficiente como para ser una parte considerable de mí, ésa donde se encuentra la inspiración tras tantas cosas que escribo.
Y el casi constante surcar en mi piel y las repeticiones indefinidas de canciones amadas tal vez, sólo tal vez, sean mis soluciones temporales, más económicas a este problema de abrir mis ojos, despertar ante el mismo cuarteto de paredes y sentirme entre miserias y mentiras mil veces contadas a mí misma porque el más íntimo deseo tras mis ojos es un suicidio que tarda en llegar desde el otro lado del espejo en el que busco algo más por lo que odiarme.
El dejar de lado tal sonrisa leonada que refieres, esa que jamás ha sido mía. Como tantas otras cosas y gentes.
Y a todas estas, ¿por qué sonrisa leonada? Y, ¿crees acaso que Spanish Sahara o 2 Trees me salvarán?
martes, 21 de febrero de 2012
viernes, 10 de febrero de 2012
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Se suponía que esto se llamaría Sueño de enero o algo así. Ya es tarde. Ja.
Era un sueño. Definitivamente un sueño, pero éste
andaba a medio paso de la realidad. Entre ésos dos mundos, aquél espacio en el
que quisiera quedarme.
Y aunque la realidad y la luz de la mañana arruinaron la mayor parte de
su vivacidad, aún veo los impresionantes colores, el dorado de la avalancha de
arena, el azul profundo del agua en mis manos, el cielo y sus nubes. El verde
de matorrales yendo y viniendo con el viento. Colores y texturas que según
otros sólo ven visionarios y sicodélicos.
Algo más había ocurrido antes de que tuviera conciencia de mi propio
sueño, porque en ese mismo instante sabía que sería la perfecta historia tras
estas palabras. Y sin embargo, se fue como tantas otras de mis ficciones: entre
el horrible estruendo aparente de voces a mi alrededor, del transitar de
presurosos pies como si ellos, quienesquiera que estuvieran ahí fuera,
hubiéranse prometido a sí mismos despertar a otros inconscientemente sabiendo
que alguien por ahí estaba teniendo el sueño de su vida.
Ahora, tantas horas después en la soledad de una noche sin estrellas,
sólo recuerdo manos en las mías y sonrisas engalanando rojos labios y lugares
que no son los míos. Todos tras la lluvia del último sueño y odiosas sombras de
personas que se cuelan y entretejen míseras historias y grises rostros en mi
historia.
Y como todo sueño que se encuentra tras cortinas de lo mal que se
recuerdan por ser los últimos y recuerdos que trato de rememorar y retener en
unas cuantas palabras, será mejor dejarlos ir, que vaguen por oscuros recovecos
y sólo, muy de vez en cuando, salgan a jugar con mis sentimientos. Porque los
bastardos cambian al intentar escribirlos u observarlos desde la lejanía de la
nostalgia que de tarde en tarde cala hasta mis huesos como a los viejos en sus
sillas todas las tardes.
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