martes, 8 de marzo de 2011

Y es ahora, con minúsculas alegrías brotando a borbotones en la mente y otros lados, que me siento ante el computador a escribir algo tan absurdo como

"Ojalá el frío que cala en la piel estuviera presente esta tarde de frío sol, me calmara el dolor de cabeza y me hubiera dado una razón para no estar allí y morir bajo las cobijas mientras me preguntaba si N. veía las estrellas, si N. jugaba a encontrar belleza en donde fuere, si a N. le gusta la lluvia y estar bajo ella, si N. ríe con ganas, si a las 5 de la mañana estaba yo despierta por ese mismo frío que cala hondo en la piel..."

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