miércoles, 9 de marzo de 2011

Un par de zapatos

Despierto. Encuentro que en mi boca hay un sabor extraño e indescriptible, en mi mente una confusión distinta a la de las mañanas. ¿Qué es?

A veces me pregunto si alguien más está en mí, usándome como un par de zapatos, si yo misma estoy usando ahora otros pares de zapatos que no me corresponden. Ya sea por un momento o una vida entera.
A veces es tan cierto, tan real  que si despierto o salto a la cama para un último round de insomnio o me invaden pensamientos foráneos, siento aún que mis zapatos son enormes o muy pequeños.

Que la piel me incomoda.

¿Yo seré yo? ¿Alguien más juega aquí a ser yo? ¿Estoy yo en alguien más intentando ser ese alguien?

La confusión crece  cuando de repente, de la nada, sólo hay cielo, siento que mido un metro ochenta, uso zapatos negros, miro manos que no tienen  mis lunares y de alguna manera sé, sin mirar, que tengo ojos pardos. O el aire huele a humedad tranquila, me siento infinitamente pequeña, arrancando hierba con manos morenas y el olor a tierra mojada acaricia mi nariz y abdomen.

martes, 8 de marzo de 2011

Y es ahora, con minúsculas alegrías brotando a borbotones en la mente y otros lados, que me siento ante el computador a escribir algo tan absurdo como

"Ojalá el frío que cala en la piel estuviera presente esta tarde de frío sol, me calmara el dolor de cabeza y me hubiera dado una razón para no estar allí y morir bajo las cobijas mientras me preguntaba si N. veía las estrellas, si N. jugaba a encontrar belleza en donde fuere, si a N. le gusta la lluvia y estar bajo ella, si N. ríe con ganas, si a las 5 de la mañana estaba yo despierta por ese mismo frío que cala hondo en la piel..."