Debería dejarlo. Debería dejar de decir tales palabras. Debería dejar esas ilusiones que me torturan, que me muerden el alma y los labios en el insomnio. Debería dejar de pensar que ella alguna vez lo hará porque nunca es nunca. Me lo dijeron hace ya un tiempo del que no tengo memoria y aún me aferro a esas malditas esperanzas falsas que me carcomen la voluntad. Qué triste soledad.
Imagino que será mejor jamás hacerle caso ni contestar sus mensajes de cierta manera ni llegar allí cuando se le dé la gana. Porque sé muy bien lo que hace con mi voluntad y aún dejo que lo haga, que me maneje a su antojo. Un planeta girando alrededor de una estrella. Un títere manejado por su titiritero. Yo sé que en realidad no significo nada.
Ojalá con esto algo olvide, algo se alivie, algo se muera, algo deje de ser tan espantosamente aterrador y las disimilitudes entre realidad e imaginación no sean tan enormes.
Una puerta que se condena, un horizonte que se esfuma, una idea desechada, la última de mis equivocaciones. ¿Por qué aún sigo como Joel Barish cayendo en ese abismo de sentimiento cuando alguien muestra el mínimo interés por mí? Se necesitan una canción de cierto género y comprender algo como parte de una epifanía agridulce para hacer llorar a alguien.
Se necesitan millones de palabras para expresar la más mínima de las emociones en una aproximación algo burda y torpe a menos que se vuelva a inventar palabras. Debería… olvidar, esto no lleva a nada concreto. Es un lío de ruido blanco, pensamientos inconexos, lo fortuito junto a lo que jamás podría decir.
Llorar no vale. Sólo sentir. Saborear el momento que canciones como ésta cambia de lo mísero a lo sublime más allá de la mente.
Y es maldita-sea-mente inevitable buscar en canciones como ésta lo que aún no he llegado a tener de verdad. Un short film que condensa el sexo, la caricia, el encuentro, el roce, el contacto. Y es maldita-sea-mente tormentoso sentir en el pecho las dagas de esa maldita tensión que se extiende por todo el cuerpo cada que los vagos pensamientos llegan a ese punto. Porque ellos siempre lo hacen.